Una teoría que despierta más que curiosidad
A ver, empecemos por lo básico: no hay ningún documento oficial, ni bíblico, ni histórico, que diga que Jesús fue masón. Así que si estás esperando una prueba con firma y sello de logia, ya te adelantamos que eso no existe. Pero… hay quienes defienden la idea, y no es del todo descabellada si uno se pone las gafas de ver más allá de lo literal.
¿De dónde sale esta teoría?
La cosa va más por el lado simbólico y filosófico. Jesús, como figura histórica y espiritual, encaja con muchos de los principios que defiende la masonería: la búsqueda de la verdad, la fraternidad, el trabajo interior, la libertad de pensamiento y el rechazo a los dogmas impuestos.
Además, algunos apuntan a su formación. Jesús no fue simplemente un carpintero —al menos no en el sentido limitado que hoy le damos al término. En hebreo, el término “tekton” (el que se traduce como “carpintero”) también puede significar constructor, artesano, alguien que trabaja con las manos… y por ahí ya empezamos a cruzarnos con el símbolo central de la masonería: el compás y la escuadra.
Algunos autores van más allá y dicen que Jesús conocía y practicaba enseñanzas esotéricas que se asemejan a las de la masonería, que probablemente tuvo contacto con sectas iniciáticas como los esenios, o que incluso fue parte de una cadena de sabiduría que se transmitía de forma discreta entre iniciados.
Su vida, sus parábolas, sus críticas a las autoridades religiosas, su defensa del prójimo por encima de los ritos… todo eso suena muy a masonería. O mejor dicho, la masonería suena mucho a eso.
Lo bueno de esta teoría
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Nos invita a repensar a Jesús como un revolucionario espiritual, no como una figura fosilizada por la religión oficial.
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Sirve como puente entre la tradición judeocristiana y la filosofía masónica, abriendo puertas al diálogo y a la reflexión libre.
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Pone sobre la mesa la idea de que el conocimiento espiritual no le pertenece a ninguna institución, sino que puede ser vivido, buscado y construido por cada uno.
Lo malo o peligroso
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Puede ser tomado como una provocación o falta de respeto por parte de quienes ven a Jesús exclusivamente desde el dogma cristiano.
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Corre el riesgo de caer en el terreno del esoterismo forzado o la conspiranoia si se afirma sin base crítica o con teorías rebuscadas.
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A veces se usa esta idea como un argumento para “justificar” la masonería ante la sociedad, lo que podría diluir su riqueza simbólica y filosófica propia.
¿Y entonces?
Decir que Jesús fue masón en sentido literal es más una metáfora poderosa que una afirmación histórica. Pero como toda buena metáfora, tiene algo de verdad: ambos caminos —el del Cristo histórico y el del masón moderno— invitan a mirar hacia dentro, a cuestionar lo establecido, y a construir un mundo mejor, desde la ética y la conciencia.
Al final, si Jesús viviera hoy, probablemente no le preocuparía mucho a qué logia perteneces, sino cómo vives tus principios. Y en eso, la masonería y el mensaje del Nazareno tienen mucho en común.
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