La Masonería y Agenda 2030

¿Un futuro iluminado o un dogma disfrazado de progreso?

Desde sus orígenes, la masonería ha sido una escuela de pensamiento crítico, progreso y perfeccionamiento del ser humano. Creemos en la construcción de una sociedad basada en la libertad, igualdad y fraternidad , pero también defendemos el derecho de cada individuo y nación a forjar su propio destino .

Hoy, en un mundo en constante cambio, se nos presenta la Agenda 2030 como un plan global para el desarrollo sostenible. Sus principios, en el papel, parecen alinearse con muchos ideales masónicos: justicia social, educación, cuidado del planeta y eliminación de la pobreza. Pero la gran pregunta es: ¿es realmente un proyecto que respeta la autonomía y la libertad, o es una imposición disfrazada de buenas intenciones?

El progreso según la Masonería y la Agenda 2030

La masonería no rechaza el cambio , al contrario, lo impulsa. Pero hay una clave de diferencia: los cambios deben surgir del libre albedrío, del crecimiento intelectual y moral de cada persona, y no de directrices impuestas desde estructuras de poder inalcanzables.

Si analizamos la Agenda 2030 , encontramos un ideal de progreso globalizado y dirigido desde organismos internacionales . Esto nos lleva a una pregunta fundamental:

¿El verdadero progreso debe ser espontáneo y basado en la educación y la razón, o impuesto por estructuras externas?

La educación es un pilar fundamental de la masonería, ya que solo un ser humano instruido es verdaderamente libre. Sin embargo, muchos de los ODS dependen de decisiones gubernamentales y corporativas, lo que deja poca participación al individuo en su propio desarrollo . La masonería busca que cada persona encuentre su propia luz, no que se le imponga una visión de lo que debe ser el futuro .

¿La igualdad es realmente equidad?

Uno de los principios de la Agenda 2030 es la reducción de desigualdades. La masonería también promueve la igualdad , pero en un sentido filosófico más profundo: la igualdad de oportunidades, basada en el mérito y el esfuerzo de cada persona.

 En contraste, algunas dentro de la Agenda 2030 parecen enfocarse en una igualdad impuesta , que busca resultados iguales sin tomar medidas en cuenta los esfuerzos individuales o las diferencias culturales de cada sociedad.

La fraternidad masónica no es forzada , sino una unión voluntaria de seres humanos que se respetan y trabajan juntos para su mejora. Si las políticas globales imponen igualdad sin considerar los principios de justicia y libertad, podríamos caer en un sistema donde en nombre del bien común, se ignoran los derechos individuales .

El dilema del control: entre la luz y la sombra

Un principio clave de la masonería es la búsqueda de la verdad . Y cuando se nos presenta una iniciativa como la Agenda 2030, debemos preguntarnos:

¿Realmente promueve la libertad y el desarrollo humano o es un sistema de control que limita la autodeterminación de los pueblos?

En el mundo actual, vemos cómo en nombre de la sostenibilidad se aplican restricciones económicas, impuestos verdes y regulaciones que afectan más a los ciudadanos comunes que a las grandes corporaciones.

La vigilancia masiva, la censura digital y el control de la información son herramientas que podrían justificar medidas en nombre del progreso, pero que en la práctica pueden usarse para restringir las libertades individuales y concentrar el poder en manos de unos pocos.

Los masones entienden que el verdadero desarrollo no se impone, se construye con educación, conciencia y responsabilidad individual.

 Progreso, pero con sabiduría.

La Agenda 2030 tiene objetivos nobles, pero el camino para alcanzarlos es lo que debemos analizar con cuidado. El progreso no debe ser una camisa de fuerza, sino un proceso natural que respeta la libertad de pensamiento, el mérito y la autodeterminación de cada persona y cada nación.

La masonería nos enseña que el cambio real viene de adentro hacia afuera, de la evolución del pensamiento y la conciencia individual . Un mundo mejor no se logra con decretos globales, sino con la iluminación del ser humano a través del conocimiento y la virtud.

El desafío está en nuestras manos: ¿seremos arquitectos de nuestro destino o simples piezas de un plan diseñado sin nuestro consentimiento?

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