Una Voz Necesaria en Tiempos de Silencio
Desde sus albores modernos en el Siglo de las Luces, la masonería ha defendido principios que hoy consideramos básicos para cualquier sociedad libre: el libre pensamiento, la tolerancia activa, y la innegociable libertad de expresión. Estos ideales no nacieron en un mundo de libertades garantizadas, sino en uno donde pensar diferente podía costar la vida.
Hoy, en pleno siglo XXI, parecería que la libertad de expresión es un derecho ya conquistado. Pero basta una mirada crítica a nuestro entorno para advertir que la libertad no siempre es sinónimo de expresión auténtica: hay censuras veladas, presiones sociales sutiles y mecanismos de control disfrazados de consenso popular. En este escenario, la voz de la masonería sigue siendo tan necesaria como antes.
Una tradición de defensa del pensamiento libre
La historia está repleta de masones que alzaron su voz cuando callar hubiera sido más seguro. Voltaire, Franklin, Bolívar, Juárez… nombres que no sólo combatieron la censura, sino que entendieron que el verdadero progreso humano exige el riesgo de disentir.
En nuestras logias, el debate respetuoso es una escuela de ciudadanía. Allí, cada hermano tiene el deber de expresarse libremente, pero también la responsabilidad de escuchar sin prejuicio. El Arte Real enseña que la verdad no se impone; se busca en conjunto, se construye piedra sobre piedra, en un diálogo sincero y valiente.
Esta enseñanza tiene una profunda vigencia social. Frente a la polarización política, el pensamiento dogmático y el miedo al disenso, el método masónico aparece como una propuesta revolucionaria: hablar con libertad y escuchar con humildad.
Censura moderna: menos obvia, igual de peligrosa
Hoy, la censura no siempre viene de gobiernos autoritarios. Muchas veces nace de la presión de las mayorías, del linchamiento digital, del miedo a ser excluido por pensar diferente. Nos enfrentamos a nuevas formas de silenciamiento: la cultura de la cancelación, la autocensura social, la imposición de relatos únicos en nombre de la "corrección".
La masonería nos invita a resistir estos mecanismos no desde el grito o la confrontación vacía, sino desde la construcción de espacios donde el diálogo real sea posible. Defender la libertad de expresión hoy implica defender también el derecho a la duda, al matiz, a la diferencia.
¿Cuál es nuestra responsabilidad como masones?
No basta con enorgullecernos de una herencia de libertad. El compromiso masónico exige actuar. Exige promover espacios de diálogo sincero en nuestras comunidades, apoyar la educación crítica en la juventud, defender a quienes son silenciados, incluso si no compartimos sus ideas.
Significa también ser guardianes de nuestra propia libertad interior: resistir el conformismo, desafiar nuestras certezas, atrevernos a pensar más allá de lo permitido o lo cómodo.
Decía Voltaire —a quien la masonería reivindica como uno de los grandes precursores del libre pensamiento—:
"No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo."
Ese espíritu, hoy más que nunca, debe ser el nuestro.
Conclusión: Una tarea inacabada
La masonería no es un relicario de ideas antiguas. Es una escuela viva de hombres y mujeres que, en cada época, deben interpretar y sostener los principios eternos de libertad, igualdad y fraternidad.
En tiempos donde la libertad de expresión se ve amenazada por formas más sutiles y seductoras de censura, el masón tiene un deber ineludible: ser faro en la niebla, ser voz cuando todo invita al silencio, ser constructor de puentes en un mundo empeñado en levantar muros.
La libertad de expresión no se hereda ni se garantiza: se conquista cada día. Y en esa conquista, la masonería debe seguir ocupando su lugar.
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