Masonería y Guerra


Masonería y Guerra: Entre la Espada y el Compás

A lo largo de la historia, la Masonería ha sido testigo —y en no pocas ocasiones, protagonista— de grandes conflictos armados. Si bien nuestra doctrina promueve la paz, el entendimiento entre los hombres y la construcción del bien común, no podemos ignorar que muchos masones han tomado parte activa en guerras decisivas… y no precisamente desde la comodidad de un templo simbólico.

Esto, lejos de ser una contradicción, revela una verdad profunda: los ideales masónicos no están hechos para vivirse en aislamiento, sino para ponerse a prueba en el campo de la historia, incluso cuando el mundo se desangra.

 Cuando el deber llama y el compás se guarda

Muchos hermanos han combatido no por gloria personal, sino por la defensa de principios que consideraban más grandes que ellos mismos: la libertad, la justicia, la autodeterminación de los pueblos y la emancipación del pensamiento.

Algunos ejemplos notables:

  • La Independencia de Estados Unidos: Figuras clave como George Washington, Benjamin Franklin y Lafayette eran masones. No lucharon solo por separarse de un imperio, sino por construir una nueva sociedad bajo ideales ilustrados, profundamente afines a la ética masónica.

  • Revolución Francesa: Muchos líderes del proceso revolucionario —como Danton, Marat y Mirabeau— eran masones. Aunque la revolución terminó desbordada por la violencia, en su origen había un impulso de transformación social y racionalismo que bebía de las fuentes de nuestras logias.

  • Guerras de independencia en América Latina: Simón Bolívar, San Martín, Miguel Hidalgo, José María Morelos, entre otros, fueron masones. Estos hombres no solo empuñaron armas, también esparcieron las ideas de soberanía, igualdad y libertad en un continente dominado por el absolutismo.

  • Guerra Civil Española: Muchos masones fueron perseguidos por defender la República y el laicismo. El franquismo demonizó a la Masonería, acusándola de conspirar contra el "orden cristiano", cuando en realidad defendía los principios democráticos y la libertad de conciencia.

¿Contradicción o coherencia?

¿No es irónico que hombres de una institución que aboga por la paz hayan participado en guerras? Tal vez. Pero también es profundamente humano.
La Masonería no forma autómatas. Forma hombres libres y pensantes. Y la libertad, a veces, exige elegir entre la comodidad de la neutralidad o el riesgo del compromiso.

Nuestros principios no son pasivos: la fraternidad no implica resignación, la razón no equivale a indiferencia. Si un masón decide luchar, no lo hace por odio, sino por amor a un ideal. Porque hay guerras que no se libran por conquista, sino por dignidad.

Reflexión final

La historia nos muestra que los masones, cuando han empuñado armas, lo han hecho —en la mayoría de los casos— con la convicción de estar defendiendo un futuro más justo.
Eso no santifica la guerra, pero sí humaniza al guerrero.
Y si bien el templo masónico es un lugar de silencio y reflexión, no está hecho para criar estatuas. Está hecho para formar hombres que, cuando el mundo se tambalea, sepan qué defender y por qué hacerlo.

Como masones, no celebramos la guerra. Pero sí celebramos la valentía de aquellos que, cuando fue necesario, supieron mancharse las manos sin ensuciar el alma.

Que el compás siempre nos guíe, incluso cuando la oscuridad parezca invencible.
Y que, si alguna vez se ha de levantar la espada, sea solo para abrir paso al alba.

Fraternalmente,
Un masón más, entre los escombros y los ideales eternos.

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