Un futuro que envejece
Diversos informes internacionales advierten que el mundo enfrenta un declive poblacional sin precedentes.
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La natalidad se mantiene en niveles históricamente bajos.
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La inmigración se restringe en varias regiones.
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Esto amenaza con desequilibrar los sistemas de pensiones, salud y cuidados en países donde la población envejece con rapidez.
Lo que parece un tema meramente estadístico es, en realidad, un reto humano y ético de gran magnitud.
La visión masónica de la vida y la continuidad
La Masonería nos recuerda que la vida es el mayor de los dones, y que cada generación es heredera y constructora del Templo Universal.
Cuando una sociedad deja de renovarse —ya sea porque nacen menos hijos o porque cierra sus puertas a quienes buscan refugio— corre el riesgo de convertirse en un templo vacío, con columnas firmes pero sin obreros que lo habiten.
“La humanidad se edifica de generación en generación, y cada piedra nueva sostiene a las que le precedieron.”
Los riesgos de un mundo que se reduce
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Económicos: sin jóvenes que trabajen, los sistemas de pensiones y salud colapsan.
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Sociales: la brecha entre generaciones se amplía, generando tensiones.
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Humanos: al limitar la inmigración, se cierran caminos de esperanza para millones que podrían revitalizar a sociedades en declive.
La Masonería nos enseña que la fraternidad no conoce fronteras: en cada migrante hay un hermano buscando un lugar digno.
Una respuesta masónica ante la crisis
¿Qué podemos aprender de este desafío?
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Valorar la familia: no solo como núcleo biológico, sino como escuela de virtudes y pilar de continuidad social.
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Acoger al forastero: practicar la hospitalidad y reconocer en el inmigrante una piedra necesaria para el Templo de la Humanidad.
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Fomentar la educación: una sociedad instruida sabrá equilibrar desarrollo, natalidad y políticas justas de integración.
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Defender la dignidad del anciano: envejecer no es un fracaso, es un triunfo de la vida. Los mayores deben ocupar un lugar de respeto y no de carga.
La crisis demográfica es más que un problema de números: es un llamado a repensar qué tipo de humanidad queremos construir.
Que el compás nos recuerde que todo ciclo debe ser equilibrado; que la escuadra nos enseñe a sostener generaciones con justicia, y que la plomada nos mantenga firmes en la tarea de construir un mundo donde el nacimiento y la vejez, la migración y la integración, sean parte de un mismo proyecto: la continuidad de la Humanidad.
El reto de nuestro tiempo no es solo tener más habitantes, sino más humanidad.
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