Nacionalismo Creciente, Fragmentación Global y Riesgos Políticos.

 

Un mundo en tensión

El Informe de Riesgos Globales 2025 del Foro Económico Mundial advierte sobre una serie de amenazas que marcan nuestro tiempo:

A ello se suma un fenómeno clave: el aumento del nacionalismo, que está redefiniendo las cadenas de suministro, los acuerdos comerciales y las relaciones internacionales.

Nacionalismo y visión masónica

El nacionalismo, en su versión sana, puede ser amor a la patria. Pero cuando se transforma en exclusión, en rechazo al otro o en imposición sobre pueblos vecinos, se convierte en semilla de conflicto.

La Masonería, en cambio, nos enseña que no hay fronteras en el espíritu humano. Somos ciudadanos de la Patria Universal, constructores de un Templo donde cada piedra representa a un hombre o mujer, sin importar raza, credo o nación.

“El masón reconoce a todos los hombres como hermanos, y a la humanidad como su verdadera nación.”

Fragmentación global: la torre que se agrieta

La polarización y la desconfianza están fragmentando la estructura social y política de nuestro tiempo. Allí donde antes había puentes, hoy aparecen muros; donde había cooperación, surgen competencias destructivas.

Para la Masonería, esta fragmentación equivale a una torre que se agrieta: por muy altas que sean sus paredes, sin cohesión interna, tarde o temprano se derrumba.

Riesgos políticos y pérdida de derechos

El debilitamiento de los derechos civiles y de las instituciones es uno de los mayores peligros de nuestra era. Cuando los gobiernos concentran poder y el ciudadano pierde voz, la libertad se convierte en una ilusión.

La Masonería insiste en que la verdadera fortaleza de un pueblo no se mide en ejércitos ni en fronteras, sino en el respeto a la dignidad humana y en la participación activa de sus ciudadanos.

El camino masónico ante estos riesgos

¿Qué podemos aportar desde la Masonería frente a estos desafíos globales?

  1. Defender la universalidad: recordar que la humanidad está por encima de cualquier frontera.

  2. Promover el diálogo: donde haya división, sembrar la palabra fraterna.

  3. Custodiar los derechos: ser guardianes vigilantes de la libertad y la justicia.

  4. Predicar con el ejemplo: demostrar que la fraternidad universal no es un ideal abstracto, sino una práctica cotidiana.

El auge del nacionalismo y la fragmentación global pueden parecer inevitables. Sin embargo, como masones sabemos que el futuro no está escrito en piedra: se esculpe con nuestras manos, con nuestras acciones y con la luz de la razón.

Que el compás nos recuerde la medida justa, que la escuadra nos guíe hacia lo recto y que la plomada nos mantenga firmes ante la tormenta de los tiempos.

Porque solo cuando veamos en cada hombre y en cada nación a un hermano, podremos levantar el verdadero Templo de la Humanidad.

La Masonería nos llama a ser constructores de unidad en tiempos de fragmentación.

Comentarios