¿Por qué 33 grados en la Masonería?


Origen, significado y visión crítica

Una de las preguntas más frecuentes cuando se habla de la Masonería es: ¿por qué existen 33 grados en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado? Para muchos curiosos, este número está rodeado de misterio, teorías esotéricas y hasta conspiraciones. Sin embargo, la explicación es mucho más rica, tanto histórica como simbólicamente.

Como Masón del grado 33, quiero compartir una visión amplia y crítica sobre el tema, dirigida tanto a los masones como al público en general, para entender no solo el número, sino la enseñanza que encierra.

Origen histórico de los 33 grados

La Masonería especulativa surge formalmente en 1717 con la Gran Logia de Londres. Con el tiempo, los ritos y sistemas de grados se multiplicaron. El Rito Escocés Antiguo y Aceptado (REAA), hoy el más practicado en el mundo, se consolidó en el siglo XIX en Charleston, Estados Unidos.

  • Originalmente había menos grados (entre 7 y 25, según el rito).

  • Con el tiempo, los grados fueron sistematizados hasta llegar a 33, considerados como un camino progresivo de perfeccionamiento moral, filosófico y espiritual.

  • En 1801 se fundó el Supremo Consejo del Grado 33, institución que organiza y otorga el gobierno del rito.

Significado simbólico del número 33

El número 33 no fue elegido al azar. En múltiples tradiciones espirituales y filosóficas, el 33 está cargado de simbolismo:

  • En el cristianismo, se dice que Jesús vivió 33 años en la Tierra.

  • En la numerología, el 33 es considerado un “número maestro”, asociado a la sabiduría, la compasión y la iluminación.

  • En la tradición masónica, representa la culminación del camino iniciático: la síntesis de la sabiduría acumulada en los grados anteriores.

El 33, más que un rango, es un símbolo de plenitud y responsabilidad. No es una meta final, sino un recordatorio de que el verdadero trabajo masónico nunca termina.

Concepción espiritual y filosófica

Los 33 grados simbolizan un viaje interior:

  1. Los tres primeros grados (Aprendiz, Compañero y Maestro) forman la base: el trabajo sobre uno mismo.

  2. Los grados siguientes profundizan en la filosofía, la historia y los valores universales.

  3. El grado 33 no es un “privilegio”, sino un compromiso con el servicio, la fraternidad y la defensa de los ideales de la Masonería.

Desde esta perspectiva, el grado 33 representa el máximo de la madurez espiritual y la entrega a la humanidad.

Dimensión social y cultural

En la sociedad, el 33 ha sido rodeado de mitos y prejuicios:

  • Algunos lo ven como un rango secreto de poder, vinculado a teorías de conspiración.

  • Otros lo malinterpretan como un grado inaccesible reservado a élites políticas o económicas.

La realidad es diferente: el grado 33 no es poder mundano, sino responsabilidad moral. Es un título honorífico otorgado a aquellos masones que han demostrado compromiso, trabajo y servicio, tanto dentro como fuera de la Orden.

Una mirada crítica

Es necesario aclarar que los grados no hacen al masón “más masón”. El verdadero trabajo está en los tres grados simbólicos. Los grados filosóficos (del 4 al 33) son herramientas de reflexión y enseñanza, pero el núcleo de la Masonería se encuentra en la vida diaria, en cómo aplicamos los valores de fraternidad, libertad y verdad.

El peligro está en confundir el símbolo con el ego: algunos buscan grados por prestigio, olvidando que la Masonería no es un escalafón de poder, sino un camino de humildad y servicio.

El número 33 en la Masonería no es un misterio oscuro, sino un símbolo de perfección, plenitud y compromiso. Es la culminación de un sistema iniciático que invita al masón a superarse constantemente y a servir a la humanidad.

Más allá de los mitos, los 33 grados son una escuela de vida, donde cada paso representa un aprendizaje interior. Y el grado 33, lejos de ser el final, es apenas el recordatorio de que el verdadero trabajo masónico es eterno: construir dentro de uno mismo y en la sociedad un templo de sabiduría y fraternidad.

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