Orígenes, significado y concepción masónica
En la Masonería, uno de los términos que más despierta curiosidad es el de G.A.D.U. —abreviatura de Gran Arquitecto del Universo. Para los masones, y también para quienes observan la Orden desde fuera, surge inevitable la pregunta: ¿qué representa realmente el G.A.D.U.? ¿Es un dios, una idea, un símbolo, una construcción cultural?
La respuesta no es sencilla, porque el G.A.D.U. es una figura polisémica: espiritual, filosófica, social y cultural. En este artículo, quiero compartir una reflexión crítica —como Masón del grado 33— dirigida tanto a masones como al público en general.
Orígenes del término G.A.D.U.
El concepto del Gran Arquitecto del Universo tiene raíces antiguas, vinculadas a la tradición hermética, al simbolismo alquímico y, sobre todo, a las corrientes filosóficas y religiosas que buscaban un principio creador ordenado y racional.
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En la Antigüedad, arquitectos, filósofos y místicos solían concebir a la divinidad como el "constructor" o "ordenador" del cosmos. Platón, por ejemplo, hablaba del Demiurgo como ese principio ordenador.
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En la tradición judeocristiana, Dios también es presentado como el creador que dispone todo con medida, peso y número.
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La Masonería moderna, surgida en el siglo XVIII, adoptó este término para unificar a hombres de diferentes creencias bajo una idea común: la existencia de un principio superior que da sentido y orden al universo, sin atarse a un dogma religioso específico.
Significado espiritual
Para un masón, el G.A.D.U. no es una imagen concreta ni una deidad particular. Es más bien un símbolo universal de trascendencia. Representa la búsqueda interior de sentido, la necesidad de un principio que inspire al hombre a trabajar sobre sí mismo y sobre el mundo.
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No es dogma, es principio. Cada masón es libre de concebir al G.A.D.U. desde su fe personal o desde una perspectiva filosófica. Puede ser Dios, la naturaleza, la razón, la energía cósmica o incluso la propia conciencia humana.
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Es una brújula interior. Nos recuerda que todo lo que construimos en la vida debe estar guiado por un ideal superior: la verdad, la justicia y el progreso de la humanidad.
Concepción social y cultural
En el plano social, el G.A.D.U. cumple una función integradora. Permite que masones de distintas religiones, culturas y filosofías se reúnan en un mismo espacio de diálogo y fraternidad. En un mundo donde las diferencias suelen dividir, la Masonería propone un símbolo que une.
Sin embargo, hay un aspecto crítico que no debemos olvidar:
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Para la sociedad en general, el G.A.D.U. a veces se malinterpreta como un “dios secreto” o un culto misterioso. Esta visión distorsionada ha generado prejuicios contra la Masonería.
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En realidad, el G.A.D.U. es un símbolo de libertad de conciencia, un principio que respeta la diversidad y busca el bien común. La cultura masónica no impone un credo, sino que invita a reflexionar sobre el sentido profundo de la existencia.
Dimensión personal
Para el masón, hablar del G.A.D.U. es hablar de su propio trabajo interior. Cada quien, en silencio y reflexión, debe preguntarse:
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¿Qué fuerza ordena mi vida?
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¿Qué principio guía mis decisiones?
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¿A qué construcciones quiero dedicar mi esfuerzo en este mundo?
De ahí que el G.A.D.U. sea un espejo: no dicta respuestas, sino que impulsa a formular las preguntas esenciales que dan dirección a nuestra vida.
Una mirada crítica
Como masones, debemos reconocer que el término G.A.D.U. también puede ser malinterpretado dentro y fuera de la Orden. Algunos lo reducen a un simple formalismo ritual; otros, lo absolutizan como si se tratara de una religión encubierta. Ambas visiones son limitadas.
El Gran Arquitecto del Universo no necesita dogmas ni templos externos. Su templo verdadero está en la conciencia de cada ser humano y en la obra que realizamos en sociedad.
En un tiempo donde predominan el materialismo, la deshumanización y el consumismo, el símbolo del G.A.D.U. nos recuerda que la vida tiene un sentido más elevado que producir y consumir: el de construir un mundo más justo, libre y fraterno.
El G.A.D.U. no es una respuesta cerrada, sino una invitación abierta. Es la síntesis de lo espiritual, lo social, lo cultural y lo personal en un solo principio. Para los masones, es un símbolo de unidad en la diversidad; para el público en general, es un recordatorio de que la vida tiene que ser vivida con propósito y responsabilidad.
Más allá de las etiquetas, el Gran Arquitecto del Universo es la chispa que inspira a cada ser humano a edificar su propio templo interior y a participar en la construcción de una sociedad más luminosa.
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