La Baraja, el Calendario, el Tiempo y la Masonería

 


Un viaje simbólico

Uno de los aspectos más fascinantes de la masonería es su lenguaje simbólico. No se trata de superstición ni de magia, sino de una forma de pensamiento que utiliza símbolos universales para transmitir enseñanzas filosóficas y éticas. Entre esos símbolos, hay tres que a menudo se relacionan con la Orden: la baraja, el calendario y el tiempo.

Lejos de ser simples juegos o supersticiones, estas herramientas esconden una profunda reflexión sobre la vida, el orden social y la espiritualidad.

La baraja y sus significados ocultos

La baraja de 52 cartas es, para muchos investigadores, una representación del año solar.

  • 52 cartas = 52 semanas del año.

  • 4 palos = 4 estaciones (primavera, verano, otoño, invierno).

  • 12 figuras (rey, reina, sota) = 12 meses.

  • 13 cartas por palo = 13 ciclos lunares en un año.

  • Si sumamos el valor de todas las cartas, el resultado es 364; al agregar el comodín, se completa el ciclo de 365 días.

En la masonería, esta relación nos recuerda que la vida misma es un juego de cartas en el que cada ser humano recibe una mano, pero lo importante no es qué cartas tienes, sino cómo las juegas. Es un símbolo de libertad, destino y elección.

El calendario y la visión masónica del tiempo

El calendario es más que una tabla de días; es la manera en que las sociedades ordenan el tiempo. Los masones entendemos que el tiempo es la verdadera medida de la vida: todo inicia, crece, declina y se transforma.

En la tradición masónica, se habla de la “Era de la Verdadera Luz”, que comienza en el año 4000 antes de Cristo. Este calendario simbólico no pretende sustituir al civil ni al religioso, sino recordarnos que la humanidad es parte de un proceso mucho mayor que cualquier nación o imperio.

El calendario masónico invita a reflexionar sobre la relación entre el hombre y el universo, el paso de las generaciones y la importancia de dejar huella en el tiempo.

El tiempo como arquitecto de la vida

En masonería se dice que el tiempo es el gran constructor, y que ningún templo ni ser humano escapa a su acción.
El reloj, la arena que cae, el ciclo de la luna o el paso del sol son recordatorios de que la existencia es finita, y que el verdadero trabajo está en aprovechar cada instante para crecer en sabiduría y servir a los demás.

La relación entre la baraja, el calendario y el tiempo es clara:

  • La baraja representa el juego de la vida.

  • El calendario simboliza el orden cósmico.

  • El tiempo recuerda la inevitable transformación.

Un masón aprende a no temer al tiempo, sino a honrarlo, utilizándolo como herramienta de construcción personal y social.

La baraja no es solo un juego, el calendario no es solo una tabla de días, y el tiempo no es solo un reloj que avanza. En la masonería, estos elementos se convierten en lecciones vivas:

  • Nos enseñan a comprender los ciclos de la vida.

  • Nos recuerdan que cada decisión cuenta en el “juego” que nos tocó jugar.

  • Y nos invitan a dejar una huella en el tiempo, más allá de nuestra propia existencia.

La baraja, el calendario y el tiempo no son superstición ni simple curiosidad esotérica: son espejos de la condición humana, símbolos que nos llaman a reflexionar sobre el orden del universo y sobre nuestro papel como constructores de un mundo más justo.

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