La Muerte del Internet

 

Un desafío Para la Sociedad y la Masonería en la era del Silencio Digital

El Internet que conocimos está muriendo

Durante décadas, el Internet fue sinónimo de libertad, conocimiento compartido y comunicación global. Sin embargo, hoy presenciamos su lenta agonía. La muerte del Internet no significa que la red desaparezca físicamente, sino que su espíritu libre y fraternal se apaga, reemplazado por algoritmos que controlan lo que vemos, pensamos y creemos.

Las grandes corporaciones, la publicidad dirigida y la manipulación de datos han convertido lo que fue un espacio de cooperación en un mercado de atención. La sociedad, sobreconectada pero cada vez más aislada, vive una paradoja: nunca tuvo tanta información a su alcance, y nunca fue tan difícil hallar la verdad.

Una sociedad desconectada de sí misma

El riesgo no es solo técnico, sino humano y espiritual. Si Internet colapsara —por censura, crisis global o caída tecnológica—, millones de personas perderían no solo su comunicación, sino también su identidad, su memoria digital y su forma de vida.

El ser humano ha delegado su pensamiento en la red. Sin ella, ¿qué quedaría de nosotros? La muerte del Internet pondría a prueba nuestra capacidad de volver a pensar, crear y convivir sin depender de pantallas.

La Masonería frente al silencio digital

En medio de este panorama incierto, la Masonería podría recuperar uno de sus papeles más nobles: ser guardiana del conocimiento en tiempos de oscuridad.
Históricamente, cuando el pensamiento libre fue perseguido o manipulado, los masones mantuvieron encendida la llama del saber, la razón y la fraternidad.

Si el Internet se apaga, los templos masónicos pueden volver a ser refugio del pensamiento, espacios de diálogo auténtico y construcción colectiva.
El masón, como constructor de la verdad, tendría la tarea de reconstruir los puentes rotos de la comunicación humana.

Volver al contacto real

La muerte del Internet puede ser también una oportunidad. Un llamado a reconectar con lo esencial, con la palabra, la presencia y la mirada.
El verdadero conocimiento no necesita Wi-Fi: se transmite de mente a mente, de corazón a corazón.

La Masonería, con su sabiduría simbólica, puede recordar al mundo que la red más fuerte es la de los seres humanos conscientes, unidos por la razón, la ética y la fraternidad.

Un llamado al despertar

Quizá el final del Internet no sea una tragedia, sino una purificación. Tal vez sea el momento de volver al silencio interior, a la reflexión, a la búsqueda personal del conocimiento sin filtros.

Como masones y ciudadanos del mundo, debemos estar preparados para iluminar la oscuridad digital con la luz del pensamiento libre.
Porque aunque las redes caigan, la Verdad seguirá viva en quienes la buscan con nobleza y sabiduría.

La muerte del Internet no debe ser vista con temor, sino como una prueba iniciática colectiva.
Si la humanidad aprende de ella, podrá renacer más consciente, más unida y menos dependiente de lo efímero.
Y allí, como siempre, la Masonería estará presente, trabajando en silencio por el progreso moral y espiritual de la humanidad

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