Lo que NO es la masonería


Desmontando mitos y conspiraciones

A lo largo de la historia, la masonería ha sido rodeada de misterio, rumores y leyendas. Se nos ha llamado “sociedad secreta”, “dueños del poder mundial”, “adoradores de dioses ocultos” e incluso “arquitectos de conspiraciones globales”.
puedo afirmar algo con claridad: gran parte de lo que la gente cree sobre la masonería es sencillamente falso.

Hoy quiero aclarar, con espíritu crítico y reflexivo, qué NO es la masonería, porque entenderlo ayuda a separar la verdad de la ficción y a mirar de frente los problemas reales de la sociedad.

La masonería NO es una religión

Uno de los mitos más extendidos es que la masonería reemplaza o compite con las religiones. Nada más lejos de la realidad.
La masonería no tiene dogmas de fe, no impone credos y tampoco exige abandonar una religión para ser parte. Dentro de la fraternidad conviven católicos, protestantes, judíos, musulmanes, agnósticos y muchos otros.

Creer que la masonería es una religión secreta es una manera de generar miedo y división, cuando en realidad nuestro propósito es fomentar la tolerancia y el diálogo entre diferentes visiones del mundo.

La masonería NO es un gobierno oculto

Otra idea popular es que los masones controlamos la política mundial desde las sombras. Se habla de un “nuevo orden mundial” diseñado en templos misteriosos.
La verdad es que la masonería no es un parlamento secreto ni una élite económica que dicta órdenes. Sí, es cierto que a lo largo de la historia algunos líderes políticos y pensadores fueron masones; pero atribuirles el control total de la sociedad es caer en un reduccionismo peligroso.

Lo que realmente existe son problemas sociales y políticos visibles: corrupción, desigualdad, concentración de poder en corporaciones y gobiernos débiles. Culpar a la masonería es un atajo mental que evita enfrentar la complejidad del sistema.

La masonería NO es un culto oscuro

Las películas y las redes sociales han alimentado la idea de que somos un grupo que practica rituales diabólicos, sacrificios o invocaciones. Nada más absurdo.
Nuestros rituales son simbólicos y filosóficos, herramientas para la reflexión personal y el crecimiento ético. No tienen nada que ver con magia negra ni con cultos secretos.

El peligro de este mito es que genera prejuicios y odio, y termina fomentando discriminación contra quienes buscan simplemente un espacio de fraternidad y conocimiento.

La masonería NO es conspiración económica

Se nos acusa de controlar bancos, crisis financieras y hasta el destino de las monedas. La economía es un terreno donde abundan las teorías conspirativas, y la masonería ha sido usada como chivo expiatorio.
La realidad es que la economía se mueve por dinámicas mucho más visibles: intereses corporativos, políticas públicas, consumo y desigualdades históricas.

Creer que la masonería es la responsable es peligroso, porque nos distrae de exigir transparencia a los verdaderos actores económicos.

La masonería no es religión, no es política secreta, no es culto, no es conspiración. Lo que realmente es: un espacio de fraternidad, de búsqueda de conocimiento, de construcción ética y simbólica.
El problema no está en los masones, sino en la tendencia social a buscar culpables ocultos en lugar de enfrentar los retos reales: educación, justicia, equidad y participación ciudadana.

lo peligroso no es la masonería, sino creer en lo que no es la masonería. Porque al alimentar mitos y conspiraciones, se fortalece la manipulación, la intolerancia y la desinformación.


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