La Mitología de la Masonería

 


Entre símbolo, relato y verdad interior.

Cuando se habla de mitología de la Masonería, muchos esperan secretos espectaculares, conspiraciones globales o relatos prohibidos. Nada más lejos —y al mismo tiempo, nada más cercano— a la realidad. La mitología masónica no es un conjunto de fábulas para engañar, sino un lenguaje simbólico profundo que permite transmitir ideas filosóficas, éticas y espirituales que no caben en un simple discurso racional.

La Masonería no se entiende solo con la mente: se atraviesa con la conciencia.

¿Qué es mitología en el contexto masónico?

La mitología masónica es un sistema de relatos simbólicos que funcionan como mapas interiores. No pretende describir hechos históricos literales, sino verdades humanas universales: la muerte, la pérdida, la búsqueda de sentido, la reconstrucción del ser y la transmisión del conocimiento.

Así como las mitologías antiguas explicaban el mundo exterior, la mitología masónica explica el mundo interior del ser humano.

Hiram Abif: el mito central

En el corazón de la mitología masónica se encuentra la figura de Hiram Abif, el arquitecto del Templo de Salomón. No importa si fue exactamente así en términos históricos; lo importante es lo que representa.

Hiram encarna:

  • El conocimiento íntegro

  • La fidelidad a los principios

  • El sacrificio por la verdad

  • La muerte simbólica del ego

  • La posibilidad de renacer con mayor conciencia

Su asesinato no es un acto de violencia gratuita, sino una alegoría del conflicto eterno entre la luz del conocimiento y la ignorancia que teme perder poder.

El Templo de Salomón: el gran escenario simbólico

El templo no es un edificio de piedra. Es el ser humano en construcción.

Cada herramienta, cada medida, cada columna habla de:

  • Orden interior

  • Equilibrio moral

  • Armonía entre razón y emoción

  • Integración del individuo en la sociedad

La Masonería no pide huir del mundo, sino construirlo mejor empezando por uno mismo.

Las herramientas: mitos que se usan con las manos

La escuadra, el compás, el nivel, la plomada, el mallete… no son reliquias. Son arquetipos activos.

  • La escuadra recuerda la rectitud moral

  • El compás enseña a poner límites al deseo

  • El mallete representa la voluntad que corrige

  • La piedra bruta simboliza la naturaleza humana sin trabajar

Aquí la mitología no se narra: se practica.

Luz y oscuridad: la dialéctica masónica

La mitología masónica no plantea una lucha maniquea. La oscuridad no es el mal absoluto, sino ignorancia, desconocimiento, inconsciencia.

Buscar la luz no significa eliminar la sombra, sino integrarla. Este enfoque coincide con corrientes modernas de psicología profunda y filosofía existencial, aunque la Masonería lo formuló siglos antes con símbolos y rituales.

El mito del secreto

Uno de los mitos externos más persistentes es el del “gran secreto masónico”. La realidad es más incómoda y menos espectacular:
El verdadero secreto es el trabajo personal, y ese no se puede contar, solo vivir.

Por eso la Masonería guarda silencio ritual: no por elitismo, sino porque la experiencia interior no se transmite en palabras sin perder su sentido.

Mitología viva, no museo

A diferencia de otras mitologías, la masónica no pertenece al pasado. Se reactiva cada vez que un individuo decide:

  • Pensar por sí mismo

  • Actuar con ética en un mundo cínico

  • Construir sin fanatismo

  • Buscar sentido sin dogma

Su mitología no adormece: despierta.

Una crítica necesaria

En tiempos de redes sociales, la mitología masónica es banalizada, caricaturizada o convertida en espectáculo conspirativo. Eso no la debilita; solo evidencia una verdad antigua: el símbolo exige profundidad, no consumo rápido.

Quien busca poder se frustra.
Quien busca sentido, encuentra trabajo.

La mitología de la Masonería no pretende explicar el origen del universo ni dominar al mundo. Pretende algo más difícil y más humano: enseñar al individuo a conocerse, morir a lo innecesario y renacer con mayor conciencia ética.

Ese mito —incómodo, silencioso y exigente— sigue vigente porque habla de lo único que nunca pasa de moda: la condición humana.

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