Likes, algoritmos y la nueva religión de la apariencia
Si las civilizaciones antiguas adoraban dioses y la política moderna adora ideologías, nuestra época adora pantallas. Las redes sociales no son solo tecnología: son la mitología dominante del siglo XXI. Tienen dogmas, sacerdotes, rituales, herejes y castigos públicos. Exactamente como cualquier sistema mítico… solo que más rápido y más rentable.
La mitología masónica, silenciosa y exigente, choca de frente con este nuevo culto. No porque sea antigua, sino porque va en sentido contrario.
El mito mediático del “yo ideal”
Las redes sociales venden un relato claro:
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Sé visible
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Sé deseable
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Sé exitoso
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Sé feliz (aunque no lo seas)
El mito dice: si no te ven, no existes.
Para una cultura obsesionada con la imagen, esto es casi una herejía.
El mito del influencer como sabio
Las redes confunden:
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Popularidad con verdad
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Viralidad con valor
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Opinión con conocimiento
La mitología masónica es brutalmente elitista en un sentido ético: no todo el que habla merece ser escuchado. La palabra debe ser trabajada, medida, responsable. Por eso en logia se enseña a callar antes que opinar.
El mito de la indignación permanente
Las plataformas viven de la ira. El enojo retiene atención, genera clics, produce tribus. Cada día necesita un enemigo nuevo, una polémica nueva, una hoguera moral distinta.
Eso la vuelve sospechosa en un mundo donde pensar despacio es visto como complicidad.
El mito de la identidad instantánea
Identidades listas para usar, sin trabajo interno, sin coherencia vital.
La Masonería propone una identidad que no se declara, se demuestra:
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En la conducta
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En la ética cotidiana
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En la capacidad de sostener contradicciones
El mito de la verdad emocional
Por eso exige estudio, contraste, simbolismo y diálogo regulado. No para imponer certezas, sino para evitar el narcisismo moral que hoy se aplaude como virtud.
El algoritmo como nuevo dios
El algoritmo decide:
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Qué ves
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Qué piensas
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Qué te indigna
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Qué te calma
Es invisible, incuestionable y omnipresente. Exactamente como los dioses antiguos… pero sin ética.
La Masonería desconfía de todo poder que no se somete a la conciencia. Por eso enseña libertad de pensamiento, no dependencia emocional. El masón no sigue tendencias: las observa críticamente.
Eso lo vuelve inútil para el mercado de la atención.
Una verdad incómoda (otra más)
El choque final
El mito mediático dice:
“Exprésate como eres.”
La Masonería responde:
“Conócete primero.”
El mito digital dice:
“Sé auténtico.”
La Masonería pregunta:
“¿Auténtico respecto a qué valores?”
Y ahí está el problema. Porque una cultura que vive de la apariencia odia todo sistema que exija profundidad.
La mitología masónica no puede competir con TikTok, Instagram o X. Y no quiere. Juega otro juego: el de la transformación silenciosa, lenta y sin aplausos.
Ese mensaje —incómodo, anticomercial y profundamente humano— es hoy más subversivo que nunca.
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