Una reflexión incómoda pero necesaria
Hablar de pigmentocracia es hablar de una realidad que muchos prefieren maquillar. La pigmentocracia —ese sistema social donde el tono de piel influye en el acceso a poder, prestigio y oportunidades económicas— no es una teoría conspirativa; es una estructura histórica visible en América Latina, África, Asia y buena parte de Occidente.
No es casualidad que el término aparezca con frecuencia en estudios sobre desigualdad social, racismo estructural y movilidad económica. La pigmentocracia no siempre grita; a veces susurra en estadísticas.
Masonería y pigmentocracia: ¿contradicción o espejo social?
La masonería moderna, formalizada en 1717 con la Gran Logia Unida de Inglaterra, nació proclamando principios universales: fraternidad, igualdad, libertad y tolerancia. En teoría, el color de piel es irrelevante bajo el mandil.
Pero en la práctica histórica —y aquí hablo con la franqueza que exige un masón del Rito Escocés Antiguo y Aceptado— la institución no ha estado aislada de las estructuras sociales de su tiempo. Si una sociedad era jerárquica, clasista o pigmentocrática, muchas de sus logias también lo fueron.
No porque la masonería enseñe discriminación, sino porque los hombres traen sus prejuicios al templo junto con sus virtudes.
Efectos sociales: inclusión simbólica vs. inclusión real
La diferencia está en la coherencia entre ritual y práctica.
Porque de nada sirve repetir que “todos somos iguales” si las estructuras sociales —y económicas— continúan favoreciendo a ciertos fenotipos. La masonería no puede predicar universalismo mientras ignora desigualdades sistémicas.
Impacto filosófico: universalismo vs. jerarquía implícita
Filosóficamente, la pigmentocracia contradice el corazón del humanismo masónico. El símbolo de la piedra bruta no distingue color; distingue trabajo interior.
Sin embargo, la historia demuestra que incluso movimientos ilustrados convivieron con sistemas coloniales y raciales. Esa es la paradoja moderna: podemos hablar de fraternidad universal mientras operamos dentro de estructuras desiguales.
Efectos económicos: capital social y acceso diferencial
La pigmentocracia impacta directamente la movilidad económica. Estudios contemporáneos muestran que el tono de piel puede correlacionarse con ingresos, educación y acceso a posiciones de liderazgo.
Si la masonería funciona como red de capital relacional y confianza profesional, entonces tiene el poder —real— de contrarrestar esa desigualdad… o de reforzarla si se vuelve un club homogéneo.
Aquí es donde la crítica se vuelve necesaria: la fraternidad no puede convertirse en nepotismo ilustrado.
¿Influye la pigmentocracia en la masonería hoy?
La orden no es un ente místico que flota sobre la cultura; es un organismo humano inserto en contextos históricos. Y todo organismo puede evolucionar o estancarse.
Un masón grado 33 debería entender que el verdadero “trabajo de perfeccionamiento” no es solo personal, sino también institucional.
Palabras clave para profundizar
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Pigmentocracia y masonería
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Masonería y desigualdad social
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Racismo estructural y fraternidad
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Masonería y movilidad económica
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Filosofía masónica contemporánea
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Capital social y redes de poder
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Igualdad masónica y realidad social
Crítica y Fraterna.
La pigmentocracia es una sombra social que no desaparece por decreto ritual. Si la masonería quiere ser coherente con su discurso de igualdad universal, debe examinar sus propias prácticas, abrir espacios reales de inclusión y reconocer que el simbolismo sin acción es ornamento.
Porque si la fraternidad no es verdaderamente universal, entonces solo es retórica elegante con mandil.

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