LA EDUCACIÓN

EL TEMPLO INVISIBLE DONDE SE CONSTRUYE —O SE LIMITA— EL FUTURO DE LA SOCIEDAD

Una mirada crítica desde la Masonería hacia México y el mundo

Por un masón que entiende que la primera libertad del ser humano comienza cuando aprende a pensar por sí mismo.

Hay una pregunta que pocas sociedades se atreven a formular con verdadera profundidad:

¿Quién educa a quienes mañana tomarán las decisiones de una nación?

La pregunta parece sencilla, pero detrás de ella existe un problema mucho más grande.

Porque la educación no solamente transmite conocimientos.

La educación forma criterios, hábitos, valores, aspiraciones, obediencias, identidades y formas de interpretar la realidad.

Una sociedad que educa ciudadanos capaces de cuestionar, investigar, crear y argumentar difícilmente puede ser sometida mediante la ignorancia.

Pero una sociedad acostumbrada a memorizar sin comprender, obedecer sin preguntar y repetir sin investigar puede convertirse, sin darse cuenta, en terreno fértil para cualquier forma de manipulación.

Y aquí comienza la verdadera discusión.

I. LA EDUCACIÓN NO ES NEUTRAL

Decir que la educación es importante se ha convertido en una frase tan repetida que prácticamente ha perdido significado.

Todos hablan de educación.

Gobiernos.

Empresarios.

Iglesias.

Universidades.

Organizaciones internacionales.

Partidos políticos.

Medios de comunicación.

Familias.

Y, desde luego, instituciones filosóficas y fraternales.

Pero existe una pregunta mucho más incómoda:

¿Qué tipo de ser humano estamos formando?

Porque no es lo mismo formar trabajadores que formar ciudadanos.

No es lo mismo enseñar a aprobar exámenes que enseñar a pensar.

No es lo mismo proporcionar información que desarrollar criterio.

Y tampoco es lo mismo enseñar obediencia que enseñar responsabilidad.

La escuela puede convertirse en una herramienta extraordinaria de emancipación intelectual.

Pero también puede convertirse en una fábrica de conformismo.

La diferencia no está solamente en los libros.

Está en qué se enseña, cómo se enseña, quién decide lo que se enseña y qué capacidades se considera conveniente desarrollar.

II. MÉXICO: UNA EDUCACIÓN ENTRE EL DERECHO Y LA DESIGUALDAD

México tiene una larga historia de lucha alrededor de la educación.

Durante el siglo XIX, la construcción del Estado mexicano estuvo profundamente relacionada con la discusión sobre educación, ciudadanía, libertad de enseñanza, laicidad y formación cívica.

El proyecto liberal impulsó progresivamente principios como la gratuidad, obligatoriedad y laicidad de la educación pública. El INEHRM señala que desde 1867 se estableció legalmente el carácter laico, gratuito y obligatorio de la educación básica, posteriormente incorporado al marco constitucional.

La educación fue entendida como una herramienta para construir ciudadanía.

Y aquí hay una idea que debería seguir incomodándonos:

Una nación puede tener escuelas y, sin embargo, no necesariamente tener una población educada para ejercer plenamente su libertad.

Los datos actuales obligan a mirar el problema sin romanticismos.

En PISA 2022, solamente el 34 % de los estudiantes mexicanos de 15 años alcanzó al menos el nivel 2 de competencia en matemáticas, frente a 69 % en promedio en la OCDE. México también quedó por debajo del promedio de la OCDE en lectura y ciencias.

La OCDE reportó además que México destinó en 2022 menos recursos por estudiante que el promedio de la organización y que el gasto educativo por estudiante había disminuido respecto de 2015 en términos reales.

Pero hay algo todavía más preocupante:

la desigualdad educativa reproduce, en buena medida, la desigualdad social.

La propia UNESCO reconoce que circunstancias como la riqueza, el lugar donde se nace, el origen social y otras condiciones influyen fuertemente en las oportunidades educativas y, posteriormente, en las oportunidades de vida.

Entonces debemos preguntarnos:

¿Puede existir una democracia sólida cuando las oportunidades para desarrollar el pensamiento dependen excesivamente del lugar donde nació un niño?

Ésa es una pregunta educativa.

Pero también es una pregunta política, económica, social y profundamente humana.

III. EL PROBLEMA MUNDIAL: MUCHOS MÁS EN LA ESCUELA, PERO NO NECESARIAMENTE APRENDIENDO LO SUFICIENTE

Sería injusto afirmar que la educación mundial solamente ha fracasado.

Hay avances enormes.

Desde 2015, aproximadamente 110 millones más de niños, adolescentes y jóvenes han ingresado a la escuela, y millones más están concluyendo la educación secundaria.

Pero la paradoja es brutal.

La UNESCO estima que en 2024 todavía había alrededor de 273 millones de niños y jóvenes fuera de la escuela.

Y la desigualdad es gigantesca.

En los países de bajos ingresos, la proporción de población en edad escolar que permanece fuera de la escuela es muchísimo mayor que en los países de altos ingresos.

Por lo tanto, el problema educativo mundial no puede reducirse a:

"Hay que construir más escuelas."

También debemos preguntar:

¿Qué estamos enseñando?

¿Para qué mundo estamos educando?

¿Qué clase de ciudadano necesita el siglo XXI?

Porque estamos educando niños para un mundo que cambia a una velocidad que muchas instituciones educativas no alcanzan a seguir.

Inteligencia artificial.

Automatización.

Robótica.

Biotecnología.

Cambio climático.

Desinformación.

Redes sociales.

Economías digitales.

Nuevas profesiones.

Nuevos conflictos.

Nuevas formas de trabajo.

Y frente a todo esto todavía encontramos modelos educativos excesivamente centrados en memorizar contenidos y reproducir respuestas.

El problema no es que el conocimiento sea inútil.

Todo lo contrario.

El problema aparece cuando confundimos conocimiento con pensamiento.

IV. Y AQUÍ ENTRA LA MASONERÍA

Hablar de Masonería y educación exige abandonar dos extremos.

El primero es la idealización:

"La Masonería siempre ha estado del lado correcto de la historia."

No.

El segundo es la conspiración simplista:

"La Masonería controla la educación mundial."

Tampoco existe fundamento suficiente para afirmar eso como un hecho general.

La historia es mucho más compleja.

En México existen investigaciones históricas que documentan participación de masones y organizaciones vinculadas con el liberalismo en debates e iniciativas educativas del siglo XIX. Un estudio historiográfico, por ejemplo, señala que la masonería del Rito Escocés promovió establecimientos de enseñanza mutua durante la década de 1820, incluyendo la escuela conocida como El Sol.

Otro trabajo publicado por el INEHRM analiza la participación de masones mexicanos en la construcción de ideas relacionadas con la educación durante el proceso constitucional de 1917 y señala la importancia que algunos sectores masónicos atribuyeron a una educación básica universal, científica y laica.

Eso pertenece a la historia.

Pero la historia también nos enseña algo más importante:

Ninguna institución humana posee el monopolio de la virtud.

La Masonería tampoco.

V. LA MASONERÍA PUEDE SER UNA FUERZA PARA EL BIEN...

Desde una perspectiva masónica, la educación tiene una relación evidente con principios como:

Libertad de pensamiento.

Búsqueda de la verdad.

Tolerancia.

Fraternidad.

Justicia.

Dignidad humana.

Perfeccionamiento individual.

Responsabilidad social.

La logia, entendida filosóficamente, puede ser vista como un espacio de formación permanente.

El masón no debería conformarse con recibir respuestas.

Debe aprender a formular mejores preguntas.

No debería convertirse en repetidor de dogmas.

Debe desarrollar criterio.

No debería obedecer ciegamente.

Debe comprender la responsabilidad que acompaña a la libertad.

En ese sentido, la Masonería podría intervenir positivamente en la educación mediante:

  • becas para estudiantes;
  • bibliotecas comunitarias;
  • promoción de la lectura;
  • apoyo a docentes;
  • educación científica;
  • alfabetización digital;
  • formación ética;
  • pensamiento crítico;
  • investigación histórica;
  • protección del patrimonio cultural;
  • programas contra el abandono escolar;
  • educación para la ciudadanía;
  • impulso de las artes y las ciencias;
  • formación permanente de adultos.

No se necesita una conspiración para cambiar una sociedad.

A veces basta con abrir una biblioteca.

A veces basta con enseñar a un niño a leer.

A veces basta con conseguir que un joven descubra que puede convertirse en investigador, artista, ingeniero, médico, maestro o inventor.

Eso también es construir.

VI. ...PERO TAMBIÉN PODRÍA UTILIZARSE PARA EL MAL

Aquí aparece la parte que incomoda.

Toda institución que acumula conocimiento, relaciones, influencia y organización puede ser utilizada para fines nobles...

o para intereses particulares.

La Masonería no está fuera de esa regla.

Sería ingenuo pensar que pertenecer a una institución filosófica convierte automáticamente a una persona en virtuosa.

Un masón puede equivocarse.

Puede abusar de su posición.

Puede buscar poder.

Puede favorecer a sus allegados.

Puede confundir fraternidad con complicidad.

Puede sustituir el pensamiento crítico por obediencia interna.

Puede utilizar símbolos nobles para perseguir intereses personales.

Y entonces la institución corre un peligro:

convertir la fraternidad en privilegio.

Una organización nacida para combatir la ignorancia perdería su sentido si terminara protegiendo la ignorancia de sus propios miembros.

Una institución que habla de libertad de pensamiento se contradice cuando castiga las preguntas.

Y una fraternidad que proclama igualdad pierde legitimidad cuando utiliza sus vínculos para crear privilegios.

Por eso la verdadera pregunta no debería ser:

"¿La Masonería es buena o mala?"

La pregunta correcta es:

¿Qué hacen los masones con la influencia que tienen?

VII. ¿A QUIÉN LE CONVIENE UNA EDUCACIÓN DEFICIENTE?

Aquí debemos ser particularmente cuidadosos.

No hace falta inventar una conspiración mundial para reconocer que determinados sistemas educativos pueden producir consecuencias que benefician desproporcionadamente a ciertos sectores.

Una población con baja comprensión lectora tiene mayores dificultades para analizar contratos, discursos, noticias y propaganda.

Una población con poca formación matemática tiene más dificultades para comprender estadísticas, créditos, intereses, impuestos y modelos económicos.

Una población sin pensamiento científico es más vulnerable a pseudociencias y desinformación.

Una población sin educación cívica puede desconocer sus derechos.

Una población que no conoce su historia puede ser manipulada con facilidad mediante mitos históricos.

Una población que no sabe investigar puede convertirse en consumidora permanente de información sin capacidad para verificarla.

Y aquí aparece una verdad incómoda:

La ignorancia tiene beneficiarios.

Pueden beneficiarse de ella quienes venden miedo.

Quienes venden soluciones mágicas.

Quienes manipulan información.

Quienes explotan la desinformación.

Quienes necesitan consumidores dóciles.

Quienes prefieren trabajadores que ejecuten órdenes antes que ciudadanos capaces de cuestionar decisiones.

Pero tampoco debemos cometer el error contrario.

No todo problema educativo es producto de una conspiración.

Existen causas mucho más concretas:

pobreza, desigualdad, falta de infraestructura, abandono escolar, problemas de formación docente, brechas digitales, conflictos familiares, violencia, políticas públicas deficientes y dificultades económicas.

La explicación seria requiere investigar cada caso.

El pensamiento masónico debería desconfiar tanto del dogma oficial como de la conspiración fácil.

VIII. EL VERDADERO PODER NO SIEMPRE NECESITA PROHIBIR

Una sociedad puede ser controlada mediante la fuerza.

Pero también puede ser condicionada mediante la cultura.

No siempre es necesario decirle a una persona:

"No puedes pensar eso."

A veces basta con evitar que aprenda a pensar críticamente.

No siempre es necesario prohibir un libro.

Puede ser suficiente con que nadie enseñe a leerlo críticamente.

No siempre es necesario censurar una pregunta.

Puede ser suficiente con educar generaciones enteras para que tengan miedo de formularla.

Éste es uno de los grandes desafíos educativos de nuestro tiempo.

La censura abierta es visible.

La ignorancia estructural puede ser invisible.

IX. LA EDUCACIÓN COMO HERRAMIENTA DE LIBERACIÓN

Desde una mirada masónica, podríamos decirlo de una manera simbólica:

el primer templo que debe construirse es la mente humana.

Pero ningún templo puede sostenerse sobre columnas débiles.

Una educación auténticamente humanista debería levantar, al menos, siete columnas:

1. CONOCIMIENTO

Aprender a conocer el mundo.

2. PENSAMIENTO CRÍTICO

Aprender a distinguir hechos, opiniones, propaganda y evidencia.

3. CIENCIA

Aprender a preguntar, experimentar, comprobar y corregir.

4. ÉTICA

Comprender que no todo lo que podemos hacer debemos hacerlo.

5. CREATIVIDAD

Imaginar soluciones que todavía no existen.

6. CIUDADANÍA

Comprender derechos, responsabilidades e instituciones.

7. FRATERNIDAD

Entender que el progreso individual pierde sentido cuando se construye sobre la destrucción de los demás.

Ésa sería una educación digna de una sociedad libre.

X. EL FUTURO NO SERÁ GANADO POR QUIEN MEMORICE MÁS

El mundo que viene no necesitará únicamente personas que sepan repetir información.

Necesitará personas capaces de:

investigar, crear, colaborar, argumentar, programar, imaginar, cuestionar, resolver problemas y aprender durante toda la vida.

La inteligencia artificial puede almacenar información.

Una máquina puede calcular.

Un algoritmo puede clasificar.

Un robot puede ejecutar.

Pero una sociedad necesita seres humanos capaces de decidir qué vale la pena hacer y por qué.

Ahí aparece nuevamente la educación.

Y ahí aparece también la responsabilidad de instituciones como la Masonería.

XI. EL MASÓN DEL SIGLO XXI NO DEBERÍA SER UN GUARDIÁN DE SECRETOS, SINO UN CONSTRUCTOR DE CONOCIMIENTO

Si la Masonería quiere hablarle realmente al mundo contemporáneo, no puede vivir únicamente de su pasado.

No basta con repetir nombres de grandes personajes.

No basta con recordar símbolos.

No basta con hablar de fraternidad dentro de cuatro paredes.

La fraternidad debe tener consecuencias fuera de la logia.

¿Qué hacemos por el niño que no tiene libros?

¿Qué hacemos por el joven que abandonó la escuela?

¿Qué hacemos por el maestro agotado?

¿Qué hacemos frente a la desinformación?

¿Qué hacemos frente al analfabetismo digital?

¿Qué hacemos frente a la inteligencia artificial?

¿Qué hacemos para que la ciencia sea accesible?

¿Qué hacemos para que la educación deje de ser privilegio?

Ahí se encuentra la verdadera prueba.

Porque construir templos es relativamente sencillo.

Construir seres humanos libres es muchísimo más difícil.

XII. LA GRAN PREGUNTA

Quizá la discusión más profunda sobre educación no sea:

"¿Quién controla las escuelas?"

Quizá sea:

"¿Quién está formando la mente de nuestros hijos cuando nosotros no estamos presentes?"

La familia.

La escuela.

Internet.

Las redes sociales.

Los algoritmos.

La publicidad.

Los influencers.

Los grupos políticos.

Las empresas.

Las comunidades religiosas.

Las instituciones culturales.

Y muchas otras fuerzas compiten actualmente por algo que durante siglos estuvo principalmente en manos de la familia y la escuela:

la formación de la conciencia.

Por eso la educación se ha convertido en uno de los grandes campos de batalla del siglo XXI.

No necesariamente una batalla de armas.

Una batalla de ideas.

Una batalla por la atención.

Una batalla por la verdad.

Una batalla por el pensamiento.

Y quien comprenda esto comprenderá por qué la educación nunca ha sido un asunto menor.

XIII. UNA REFLEXIÓN FINAL DESDE LA ESCUADRA Y EL COMPÁS

Si tuviera que resumir todo esto en una sola idea, sería ésta:

Una sociedad ignorante puede ser gobernada con facilidad. Una sociedad educada puede gobernarse a sí misma.

Pero la educación no debe fabricar individuos idénticos.

Debe formar seres humanos capaces de pensar.

No debe enseñar únicamente qué pensar.

Debe enseñar cómo pensar.

No debe producir obediencia automática.

Debe producir responsabilidad.

No debe eliminar las preguntas.

Debe multiplicarlas.

Y si la Masonería realmente pretende ser una institución dedicada al perfeccionamiento humano, entonces su compromiso con la educación no puede limitarse al discurso.

Debe traducirse en obras.

En bibliotecas.

En becas.

En ciencia.

En cultura.

En apoyo a maestros.

En investigación.

En pensamiento crítico.

En defensa de la libertad de conciencia.

En educación para la ciudadanía.

Y, sobre todo, en una lucha permanente contra la ignorancia.

Porque quizá el verdadero enemigo nunca haya sido la persona que piensa diferente.

El verdadero enemigo es la incapacidad de pensar.

Y aquí encontramos una última paradoja:

La Masonería puede contribuir a liberar la mente... pero solamente si nunca convierte sus propias ideas en otro dogma.

La escuadra exige rectitud.

El compás exige medida.

La piedra bruta exige trabajo.

Y el conocimiento exige algo todavía más difícil:

la humildad de aceptar que podemos estar equivocados.

Ésa debería ser la primera lección de cualquier escuela.

Y quizá también la primera lección de cualquier logia.


 

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