EL 2 DE OCTUBRE DE 1968 Y LA MASONERÍA EN MÉXICO

ENTRE LA SOMBRA DE LA COMPLICIDAD Y EL DEBER DE LA LIBERTAD

El 2 de octubre no se olvida, pero tampoco se debe falsear. A décadas de la matanza en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, el mito republicano intenta maquillar las cicatrices, mientras que la retórica oficial pretende sepultar las responsabilidades. Pero para un iniciado en los Augustos Misterios, la búsqueda de la verdad no admite dogmas ni encubrimientos.

¿Dónde estuvo la Masonería mexicana en octubre de 1968? La respuesta incómoda, amarga pero indispensable, debe analizarse con el escalpelo del rigor histórico y el juicio crítico de la Orden.

La Fractura del Templo: Entre el Poder Republicano y el Deber Libertad

Para comprender el '68 en México, hay que despojarse de la visión romántica y maniquea. En 1968, la Augusta Institución en México atravesaba una paradoja estructural desgarradora:

  1. La paradoja del poder e iniciación: Figuras clave del aparato estatal de la época pertenecían a las columnas masónicas. Gustavo Díaz Ordaz y miembros destacados de su gabinete o del alto mando militar mantenían vínculos con la Orden. Del otro lado del espectro, librepensadores, académicos, intelectuales y jóvenes universitarios formados en los ideales de Libertad, Igualdad y Fraternidad alimentaban las filas del movimiento estudiantil de 1968.

  2. El silencio de los Grandes Talleres: La estructura formal de la Masonería en ese momento histórico optó mayoritariamente por la neutralidad institucional y el alineamiento con la estabilidad del régimen, priorizando el "orden republicano" por encima del grito de protesta social. Este inmovilismo dejó a la Orden, como cuerpo colectivo, en una deuda histórica frente al libre examen y los derechos fundamentales.

  3. El impulso de la escuadra y el compás individual: La verdadera participación de la Masonería no estuvo en los decretos de los Orientes, sino en la labor individual e inadvertida de aquellos Hermanos que, desde las aulas de la UNAM, el IPN y las tribunas del pensamiento libre, denunciaron el autoritarismo e impulsaron la democratización del país.

La Ácida Crítica: La Masonería No Puede Ser Refugio del Dogma de Estado

Es hora de la autocrítica sin matices. La Masonería no es una entidad abstracta e inmaculada; la componen sus miembros. Cuando el delantal se convierte en escudo para encubrir la represión o cuando el mazo se utiliza para aplastar el disenso en nombre de una falsa "paz social", la Orden traiciona sus propios juramentos.

El 2 de octubre de 1968 puso al descubierto el anquilosamiento de una cúpula que prefirió la cercanía con las esferas del poder presidencial antes que la defensa irrestricta de las libertades civiles. Se toleró el dogmatismo de Estado y se dio la espalda a una juventud que exigía, precisamente, la aplicación real de los principios liberales que la Masonería dice profesar.

Propuesta Masónica: Trabajar la Piedra Bruta de la Democracia Actual

El pulido de la piedra bruta no termina en el Templo; se demuestra en la Polis. Recordar Tlatelolco desde el Sublime Grado 33 exige transformar la memoria amarga en un compromismo propositivo para el México contemporáneo:

  • Trascender el absolutismo institucional: Ninguna lealtad política ni consigna de Estado puede estar por encima del respeto a los Derechos Humanos y la dignidad de la persona.

  • Fomentar el Pensamiento Crítico y el Dialogo Libre: Frente a la polarización moderna y la manipulación mediática, la Masonería debe ser el taller donde se construya el pensamiento analítico, la bioética pública y la tolerancia.

  • Recuperar la Juventud y la Academia: La Orden debe volver a ser el catalizador de las mentes jóvenes y los espacios de discusión universitaria, impulsando una educación laica, crítica y emancipada.

El 2 de octubre de 1968 no solo expuso la violencia de un régimen autoritario; expuso las contradicciones internas de una Masonería que olvidó, momentáneamente, que su lugar está siempre al lado de la verdad y la justicia. Que la luz del intelecto y el juicio ético nos guíen para no repetir los errores del pasado.

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