La “Pernafernalia Masónica”

 



Cuando el Masón Quiere Brillar Más que su Propia Luz

La masonería siempre tuvo símbolos: útiles, profundos, filosóficos.
Pero también tiene algo más moderno, más superficial y, seamos honestos, más triste:
la pernAfernalia masónica usada para presumir.

Sí, hablo de todo aquello que algunos compran para “verse muy masones”: anillos gigantes, mandiles dorados hasta la exageración, escuadras de catálogo, collares que parecen joyas de carnaval, pines por todos lados y, en casos extremos, templos enteros dentro de sus casas para tomarse fotos.

Porque sí, en el siglo XXI, hay quien no busca ser masón:
busca parecer masón.

El símbolo sin el trabajo: una mentira pulida

El problema no es el anillo, ni el mandil, ni la escuadra.
El problema es cuando el objeto sustituye el trabajo interior.

Hay quienes creen que llevar un anillo masónico los vuelve sabios.
O que un mandil bordado los vuelve respetables.
O que un pin del Rito Escocés los vuelve profundos.

Pero el verdadero masón sabe que:

  • El mandil no tapa la soberbia.

  • El anillo no sustituye la ética.

  • El collar no arregla el carácter.

  • La escuadra no endereza un corazón torcido.

La pernafernalia masónica, cuando se usa para presumir, no ilumina:
solo encandila… y muy poco.

La cultura del “mírenme, soy masón”

En teoría, la masonería enseña humildad, silencio y discreción.
En la práctica moderna, a veces enseña otra cosa:
“mira qué bonito me veo con mi mandil nuevo”.

Hay hermanos que entran a la Orden buscando:

  • Reconocimiento.

  • Status.

  • Títulos.

  • FOTOS.

Sí, fotos.
Hoy en día hay masones que parecen influencers del mandil:
cada grado nuevo, cada ceremonia, cada prendedor… ¡zas! Foto para redes.

Pero una foto con mandil no te hace masón.
Lo que haces cuando nadie te ve, sí.

La tienda masónica: la nueva catedral

No voy a mentir: las tiendas masónicas se han convertido en templos de vanidad.
Puedes comprar de todo:

  • Mandiles de grado 1 que parecen de grado 33.

  • Joyas masónicas tamaño abrelata.

  • Pantalones, corbatas, llaveros, relojes, encendedores, fundas de celular…

  • Hasta artículos para la mascota del masón.

El capitalismo encontró oro en la masonería:
vender símbolos a quienes todavía no entienden su significado.

Y claro, cada compra viene con una ilusión:
“Si lo uso, me veré más serio, más iniciado, más iluminado.”

Spoiler:
La luz no viene por paquetería.

¿Por qué algunos necesitan mostrarse?

La respuesta es simple y dolorosa:

Porque dentro del templo se sienten pequeños,
y fuera del templo quieren sentirse grandes.

Porque el símbolo es fácil,
pero la transformación interna es difícil.

Porque comprar es rápido,
pero cambiar es lento.

Porque ser masón requiere trabajo,
pero parecer masón solo requiere dinero.

El verdadero símbolo no cuelga: se encarna

Aquí va lo duro:
La masonería no está en el anillo, está en la mano que lo porta.

Si esa mano miente, manipula, hiere, traiciona o presume…
el anillo es una farsa.

Lo mismo con todo:

  • Un mandil no te hace virtuoso.

  • Una escuadra no te hace recto.

  • Un compás no te hace sabio.

  • Un collar no te hace líder.

El verdadero masón puede entrar sin mandil a una habitación,
y aun así todos saben qué es.
No por lo que lleva, sino por cómo vive.

¿Entonces la pernafernalia es mala?

No, no es mala.
Es mala cuando sustituye lo que debería acompañar.

Un símbolo es una herramienta.
Un accesorio es un recordatorio.
Un mandil es una prenda de trabajo.

Lo malo es convertirlos en trofeos o disfraces.

La masonería moderna tiene dos caminos:

  • El masón que trabaja en silencio y usa los símbolos como herramientas.

  • El masón que compra símbolos para que el mundo crea que ya trabajó.

Uno construye templos interiores.
El otro colecciona adornos exteriores.

Y entre esos dos caminos,
solo uno lleva realmente a la Luz.

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