El ego, el poder y la decadencia silenciosa
La Francmasonería suele presentarse como una escuela de filosofía, ética y perfeccionamiento humano. Un espacio simbólico donde los hombres trabajan sobre sí mismos para convertirse en mejores ciudadanos y mejores seres humanos.
Sin embargo, como toda institución humana, la masonería también enfrenta un peligro constante: no siempre se debilita por enemigos externos, sino por errores internos.
De hecho, muchas logias no mueren por persecución, sino por algo mucho más silencioso: el desgaste del ego, la apatía y la pérdida del espíritu iniciático.
Aquí aparecen algunos de los errores más comunes que pueden destruir una logia desde dentro.
1. Confundir jerarquía con superioridad
Los cargos dentro de una logia existen para servir al taller, no para alimentar el orgullo personal.
Cuando los oficiales olvidan esto, la autoridad se convierte en autoritarismo y el respeto se transforma en miedo o resentimiento.
Una logia donde los cargos se usan como trofeos está comenzando a perder su equilibrio.
2. El culto al ego
La masonería enseña a dominar el ego, pero paradójicamente muchos conflictos dentro de logia nacen precisamente de él.
El ego aparece cuando:
-
alguien necesita tener siempre la razón
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alguien busca reconocimiento constante
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alguien confunde liderazgo con protagonismo
Y cuando varios egos chocan dentro del templo, el trabajo simbólico se convierte en un campo de pequeñas batallas personales.
3. La política interna
Cuando las logias comienzan a dividirse en bandos, la fraternidad empieza a deteriorarse.
Aparecen entonces alianzas, rumores, pequeños grupos de influencia y decisiones basadas más en simpatías personales que en el bien del taller.
En ese momento la logia deja de ser un espacio iniciático y se convierte en una pequeña versión de la política profana.
4. La apatía de los hermanos
Una logia no se sostiene solo con rituales.
Se sostiene con participación, estudio, reflexión y compromiso.
Cuando los hermanos empiezan a asistir solo por costumbre, cuando las planchas se vuelven superficiales y el interés disminuye, el taller comienza a perder su vitalidad.
La apatía es una forma silenciosa de decadencia.
5. El miedo a la crítica
Toda institución sana necesita autocrítica.
Pero algunas logias desarrollan una cultura peligrosa: nadie cuestiona nada para evitar conflictos.
El resultado es simple: los problemas se acumulan debajo de la alfombra hasta que terminan explotando.
6. La pérdida del simbolismo
La masonería es, ante todo, una tradición simbólica y filosófica.
Cuando el simbolismo se reduce a una simple repetición ritual sin reflexión, el trabajo iniciático pierde profundidad.
7. La falta de formación masónica
Una logia fuerte estudia.
Lee historia, filosofía, simbolismo y pensamiento humanista.
Cuando el estudio desaparece, la masonería corre el riesgo de convertirse en un club social con rituales antiguos.
8. El desprecio hacia los nuevos hermanos
Las logias se renuevan gracias a los nuevos iniciados.
Pero cuando los hermanos antiguos adoptan una actitud de superioridad o indiferencia, el entusiasmo inicial de los nuevos miembros se apaga rápidamente.
Una logia que no sabe integrar y formar termina envejeciendo espiritualmente.
9. El apego al poder
Los cargos masónicos son temporales por una razón muy clara: evitar la concentración de poder.
Cuando alguien intenta perpetuarse en posiciones de influencia, el espíritu de servicio desaparece y aparece algo más peligroso: la ambición personal.
10. Olvidar el propósito de la masonería
Tal vez este sea el error más grave.
La masonería no existe para acumular títulos, medallas o reconocimientos. Existe para promover el mejoramiento moral del individuo y el progreso de la sociedad.
Cuando ese propósito se olvida, la logia puede seguir reuniéndose durante años… pero el verdadero trabajo iniciático ya no está ocurriendo.
La historia demuestra que ninguna institución está libre de errores humanos, ni siquiera la Francmasonería.
Pero la diferencia entre una logia fuerte y una logia decadente está en algo muy simple: la capacidad de reconocer sus propios errores.
Porque al final, el verdadero trabajo masónico no consiste en señalar la piedra bruta de los demás…
sino en tener el valor de trabajar la propia.
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