Un Masón Tóxico en la Logia

 


Una reflexión crítica sobre ego, vanidad y falsa fraternidad.

En la Francmasonería se habla mucho de fraternidad, de trabajo interior y de pulir la piedra bruta. En teoría, la logia es un espacio donde cada hermano trabaja sobre sus defectos para convertirse en un mejor ser humano.

Pero seamos sinceros: el mandil no hace milagros.

A veces, entre columnas y símbolos, aparece una figura que todos reconocen pero pocos nombran abiertamente: el compañero masón tóxico.

No siempre grita, no siempre confronta directamente, pero su presencia termina generando tensiones, desgaste y, sobre todo, un ambiente que contradice el espíritu iniciático.

El primero síntoma: el hermano que cree saberlo todo

El compañero masón tóxico suele presentarse como el gran intérprete del simbolismo.

En cada tenida tiene una explicación más profunda que la anterior.
En cada conversación deja claro que él entiende la masonería mejor que los demás.

El problema no es el conocimiento.
El problema es la arrogancia disfrazada de sabiduría.

Un verdadero iniciado comparte conocimiento con humildad.
El tóxico lo usa como herramienta de superioridad.

El segundo síntoma: crítica constante, trabajo inexistente

Hay hermanos que trabajan en silencio y construyen.

Y luego está el compañero tóxico.

Ese que:

  • critica las decisiones de la logia

  • cuestiona constantemente a los oficiales

  • señala errores en todos

…pero rara vez propone soluciones o participa activamente.

Es el clásico arquitecto de la crítica y aprendiz del trabajo.

El tercer síntoma: el sembrador de discordia

La masonería se sostiene sobre una palabra clave: fraternidad.

Pero el compañero tóxico tiene un talento especial para lo contrario.

En privado comenta cosas como:

  • “yo no debería decir esto, pero…”

  • “entre nosotros, tal hermano no es confiable…”

  • “la logia antes era mejor…”

No confronta directamente.
Prefiere sembrar dudas, rumores y pequeñas divisiones.

Nada destruye más rápido una logia que ese tipo de comportamiento.

El cuarto síntoma: el buscador de protagonismo

En una tradición iniciática, el trabajo verdadero es interior.
Pero el masón tóxico busca otra cosa: reconocimiento constante.

Necesita hablar más que los demás.
Necesita ser visto.
Necesita que su presencia sea notada.

Si la logia fuera un templo, él querría ser la estatua en el centro del altar.

El quinto síntoma: la incapacidad de la autocrítica

La masonería habla constantemente de pulir la piedra bruta, es decir, reconocer nuestros defectos.

El compañero tóxico hace exactamente lo contrario.

Siempre encuentra defectos en los demás, pero rara vez en sí mismo.

Para él, el problema siempre es:

  • la logia

  • los oficiales

  • la obediencia

  • los nuevos hermanos

Nunca su propio comportamiento.

Una verdad incómoda dentro de la logia

La presencia de un compañero tóxico no siempre es el verdadero problema.

El problema aparece cuando la logia normaliza ese comportamiento o lo tolera por comodidad, jerarquía o miedo al conflicto.

Porque una logia no se debilita solo por los errores…
se debilita por los silencios que los permiten.

La masonería enseña que el verdadero trabajo es dominar el ego.

Pero el ego es paciente.
A veces entra al templo con traje, corbata… y mandil.

Por eso existe una regla simple que todo masón debería recordar:

quien habla demasiado de fraternidad, pero practica la división,
no está trabajando la piedra… está golpeando el templo.


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